PREGONAUTAS

Por qué nos borran? De la historia, las autorías, las victorias históricas, las patentes y hasta de la constitución

Por: Omega Vázquez

Les voy a contar brevemente una historia de cuando fui reportera de de deportes en un periódico nuevo en ese entonces aquí en la ciudad. Aún estaba estudiando la carrera de periodismo, cuando salía de la escuela, corría al periódico y cuando salía de ahí, hacia tareas.
Recuerdo muy bien la forma que tenía mi editor de “castigarme” era precisamente borrar mi nombre de mis notas. Por cualquier motivo, porque algo “no le gustaba”, porque la entregaba “fuera de tiempo” según sus cálculos. A veces solamente porque “lo olvidaba”.

Para quien alguna vez ha escrito para cualquier medio de comunicación, escuela, oficina, etc. Sabrá, y yo lo aprendí muy joven, que quitarle tu nombre, tu autoría a un documento en el que invertiste tiempo, investigación, talento, mente, interés, es en sí mismo un acto ruin y doloso. Sin embargo, poco podía hacer, yo no entendía en ese momento, a mi corta edad, porqué era tan molesto para el editor tener a una mujer, joven, estudiante, en el equipo de deportes. Su pasatiempo era borrar mi nombre. Cuando corría al otro día a ver el periódico para ver mi nota escrita y firmada, me llevaba otra vez la sorpresa, mi nota decía: “Redacción Provincia”. Tampoco olvidaré que a mis 18 años fue la primera persona a quien le grité “misógino” fue hasta que lo buscó en el diccionario que se ofendió y poco después, me despidieron. Aquel fue mi primer trabajo en medios de comunicación.

Esa experiencia me llevó a pensar en mujeres de todos los tiempos, y cómo las han borrado, de la historia de los pueblos, de las autorías de los libros, cuántos poemas, novelas, investigaciones, descubrimientos firmados como “anónimo” serían escritos por una mujer. «Durante la mayor parte de la historia, Anónimo era el nombre de la mujer». Como
lo dijo Virginia Woolf.

Hoy en una especie de reivindicación muy tardía, nos enteramos que hubo una papisa.
Una mujer brillante que se hizo pasar por fraile, pues su padre la despreciaba por ser mujer, lo desafió aprendiendo las escrituras en latín y terminó siendo la máxima cabeza de la Iglesia Católica, cuando se enteraron de su embarazo fue envenenada, lapidada y muerta en la escalinata de la ciudad que un día la ungió.

O que la faraona más exitosa de Egipto, fue una mujer a quien intentaron borrar de las inscripciones en las pirámides, ella también se vestía como hombre para dar los edictos reales.

Cuantas pintoras, escultoras, inventoras. Aquí Margaret Keane pintando, en 1965, sus características figuras de ojos grandes. Al fondo, su marido Walter, que se llevó toda la gloria. Tim Burton contó la historia en la película ‘Big eyes’ (2014), protagonizada por Amy Adams.
FOTO: GETTY

Pero atención, El sistema ha encontrado una nueva forma para borrarnos; estamos llegando un punto incluso más complejo y bárbaro, de lo cual quiero escribir también en esta columna:

Advertimos desde hace algunos años la intención cuando menos, perversa, por re nombrarnos, nos definen en base a partes de nuestros cuerpos o a nuestro papel reproductivo, como si fuéramos máquinas o animales que consumir.

No se trata de ser inclusivos con el lenguaje a medias, si ese nuevo lenguaje borra nuestra identidad común, nos nombra o define en función de nuestra capacidad reproductiva, nos niega como colectivo. Es en realidad parte de la violencia estructural que trata de reducir a las mujeres a algo inferior al ser persona.

“Una Persona Cis, cuerpo menstruante, persona con útero, ser o personas gestantes”, son algunos de los términos propuestos y aceptados por ellos mismos para no nombrar a las Mujeres.

Éste borrado de mujeres es la respuesta del patriarcado ante su inminente caída. Quienes se asumen como mujeres independientemente de su realidad biológica y los hombres que conservan el poder del privilegio de género, han instalado una serie de ataques y discriminación hacia lo femenino a partir del borrado legislativo, presupuestal, normativo y simbólico de las Mujeres.

Las únicas personas a las que se puede atacar sin que sea delito de odio, las únicas personas a las que se les considera y trata como un colectivo aunque son más de la mitad del mundo, ahora también borradas de la letra jurídica y re nombradas como cuerpos gestantes es absolutamente insostenible. (Y es real, la Suprema Corte ya nos considera así en sus últimas publicaciones).

En ese proceso de liberación y dignidad, el borrado de mujeres, debe ser identificado, plenamente concientizado y desarticulado de raíz, no importa desde donde se construya, en esencia obedece al
mandato patriarcal instalado, por eso decimos; cuidado con la trampa de una sospechosa inclusión que pretende borrar lo femenino y su naturaleza, para socavar su poder.

Mientras tanto celebremos cada paso porque ninguno ha sido fácil y de ninguna manera concedido, ha sido ganado, arrebatado con argumentos, organización e inteligencia, hoy aspiramos a la
Sororidad para no retroceder.
Porque nunca más ninguna mujer sea borrada, en ningún ámbito.

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